Reportajes Titulares

La H se juega el pase a un mundial, ellos se juegan la vida en el centro de Tegucigalpa

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En tierras australianas, donde la pobreza significa poco y es una palabra casi inexistente entre los ciudadanos a los que su salario mínimo alcanza el equivalente a 70 mil lempiras, los de la H se juegan un boleto al mundial de Rusia 2018

Más de 22 hombres pelearán, en el verde césped de uno de los estadios más caros del planeta, estar en el torneo más importante del mundo.

Definirán su futuro profesional y prestigio o culminar en lo más alto una carrera futbolística.

Pero en otro pedazo de tierra,una mucho más pobre y pequeña al otro lado del mundo, hay unos cipotes que todos los días definen, en las calles de Tegucigalpa no solo su futuro, si nó que sus vidas.

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Cipotes que esa parte difícil de la vida les cayó más fuerte que a muchos, muchachos a los que cuatro piedras grandes, una pelota de plástico y un espacio aprovechado a la fuerza hacen que sus problemas se alejen por unas horas.

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A ellos los encontramos en el Plaza Central de Tegucigalpa, unos siete niños y una niña se jugaban una entretenida “potra”, corriendo por aquí, pateando gritando, y riendo.

Demostrando que sin importar las circunstancias en ellos también aun existe la inocencia, talento y su amor al futbol, un amor que a algunos jugadores se les olvidó, hasta el momento que el partido termine y regresar a “su realidad”

Pero siempre con su bote de resistol en la mano.

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Ajados. Sucios. Con más vida dentro de sus pupilas que en los adoquines por los que patean ese balón. Se les llama resistoleros por el tóxico que inhalan: el Resistol, un pegamento industrial al que, cruelmente, se han quedado pegados.

Nariz contra botella. Una imagen que no aparece en las instrucciones del pegamento pero que es habitual en la capital de Honduras.

Su rutina se divide en dos actividades: ingeniárselas para conseguir pegamento y esperar vivir un día más para conseguir más. Eso conlleva abandono escolar, agresividad y un deterioro acelerado de la salud.

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“La inhalación del Resistol produce severos daños a los niños en su sistema nervioso y puede llegar a causar la muerte, al destruir numerosas células del cerebro. Se debe hacer algo para evitar sus muertes”, comentó en su momento el director para América Latina de Casa Alianza, Bruce Harris.

Datos manejados por los organismos públicos y privados de defensa de la infancia revelan la existencia de unos 10.000 niños de la calle en Tegucigalpa y en San Pedro Sula, la segunda ciudad del país, en la costa norte.

Muchos de estos menores portan envases de pegamento que, inhalado, produce conductas agresivas, estimulando los delitos.

Pero tal vez, “nunca se sabe” dice el maestro, y ocurra un milagro de esos que suelen revelarse contra las adversidades y  uno de estos cipotes llegue a colarse en ese mundo de oportunidades del fútbol y que algún día, se eduquen, prosperen, salgan de los vicios  y que le metan un gol a su destino.

Quizá en uno de ellos esté ese que nos haga gritar un gol de la selección.

Fotos: Alexis Hernández

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