La Opinión

Nos hizo falta su sonrisa…

hildita

Aunque el estadio Nacional estaba lleno. A pesar de los gritos y aplausos del pueblo; del bullicio, la alegría, la fiesta. Por más ensordecedor que fuera el “¡Sí se pudo, sí se pudo!”. Hoy, todos los que trabajamos con usted y la quisimos, sentimos un vacío en nuestros corazones.

¡Cómo hizo falta su presencia, ingeniera Hilda!

Sí, sabemos que está con Dios; sin embargo, queríamos verla en medio del mar azul de personas que era iluminado por una estrella solitaria, moviéndose de un lado a otro, sin descanso, puro carácter, don de mando, ordenanza de voz suave, pero firme.

Porque siempre, a pesar de la exigencia y de la responsabilidad, de repente estaba… ¡Su sonrisa!

Exigía, regañaba, reclamaba, se ponía seria, la mirada firme, soltaba dos o tres instrucciones… y sonreía.

Así la recordamos. Sonriente a pesar de la carga que le tocó llevar y de sus obligaciones.

No, no nos acostumbramos a su ausencia, a su viaje tan repentino.

Pero así es la vida de dura, de dolorosamente dura, y solo nos queda seguir adelante.

Vi personas que no aguantaron más y lloraron a pocas horas de la toma de posesión. “Es por la jefa”, decían.

La jefa. La ingeniera. Doña Hilda. Mujer pequeña de estatura, pero incansable.

Algo de especial debió tener –una mezcla de carisma, inteligencia, pasión, sueños-, para convencer a personajes de grandes quilates como Salvador Moncada, Carlos Campos y Maribel Lieberman, entre otros, para que la acompañaran en la hermosa tarea de darle a conocer al mundo lo maravilloso que es Honduras.

Ese enamoramiento por nuestra tierra, su gente, su arquitectura colonial, sus playas, sus selvas, su comida, su música, sus bailes, sus tradiciones, sus ruinas precolombinas, es parte del legado que nos deja.

Perdió el presidente Juan Orlando a una pieza clave de su gobierno y de su entorno familiar, pero su recuerdo es una fuerza que lo empuja.

Usted, más que nadie, merecía estar en el estadio Nacional, para presenciar el momento en que su amado hermano era juramentado por segunda ocasión como presidente de Honduras.

Porque usted también puso alma, vida y corazón para que su hermano ganara otra vez la presidencia.

“No vivas para que tu presencia se note; sino para que tu falta se sienta”, era su mensaje de perfil.

Vaya que se siente su falta, vaya que nos hizo falta su sonrisa.

De consuelo nos queda que usted dejó en muchas personas una MARCA.