La revancha del «vendido»

Ramón Maradiaga le ha dado muchísimo a Honduras. ¿Y cómo le hemos agradecido nosotros? Con insultos.

Le hemos dicho VENDIDO.

Sin prueba alguna, acá lo señalan de vender a Honduras (unos dicen que contra Trinidad, otros aseguran que fue contra México), en la eliminatoria a Japón y Corea 2006.

Solo como recordatorio: contra Trinidad, los delanteros hondureños estrellaron al menos siete balonazos en los postes. ¡Vaya forma de venderse!

Al final de ese partido, Primitivo fue atacado con botellazos, bolsas de agua e insultos por la chusma.

¡VENDIDO!

¡VENDIDO!

¡VENDIDO!

Así le gritaban.

Y de eso lo acusaban en las portadas amarillistas de los diarios.

FRACASADO -le agregaban.

A tal punto llegaron los insultos que el profe Maradiaga se fue a entrenar al Águila de El Salvador, club en el que es considerado un ídolo.

Capitán de Honduras en el Mundial de España 82 (aquel equipo que vivió en una cabaña sin agua y sin luz y que jugaba por amor y no por el sonido de las monedas), es, sin duda, uno de los jugadores que más gloria le ha dado al país.

Y también como entrenador de Motagua y de la misma H.

Otro recordatorio: logró llevar a una Honduras remendada al tercer lugar de la Copa América 2001 (el triunfo de 2 a 0 en ese torneo sobre Brasil es uno de los mayores logros en la historia de nuestro fútbol).

Apenas un años antes de eso, había clasificado a Honduras a sus primeros Juegos Olímpicos (Sydney).

AMADO, ODIADO

Los motagüenses lo aman y es fácil de entender por qué: fue campeón como integrante del Ciclón Azul en 1978, y como entrenador le dio cuatro títulos de Liga y uno Centroamericano.

Estamos hablando de un GRAN entrenador. Los números lo avalan.

Los olimpistas, por su parte, no lo quieren –o lo odian-, y con razón.

Porque ellos no olvidan que dos de las finales perdidas que más dolor les provocó son la del inolvidable “Clavamitch” –gol de oro en la primera final de Liga que disputaban los archirrivales en la historia-; y la del 3-a1 en San Pedro Sula.

En ambas, el DT del Motagua era Ramón Enrique Maradiaga.

Tantos éxitos, tantos insultos. Pero el profe se aguantó y se atrincheró en un silencio amargo… hasta que llegó el momento de una venganza dulce.

Guatemala sí lo valoró y lo hizo su entrenador para la eliminatoria del Mundial 2006.

Por esas cosas del destino, Honduras quedó en la cuadrangular junto a Costa Rica, Guatemala y Canadá. Con Primi en el banquillo, los chapines nos quitaron cuatro de seis puntos en disputa. Al final, eso terminaría pesando para que la H quedara eliminada y no clasificara a la hexagonal final.

Los salvadoreños, que son vivísimos, lo han contratado con un solo objetivo en mente: el segundo puesto de esta cuadrangular en la que también están México, Honduras y Canadá.

UN TÉCNICO CAPAZ

Ellos saben que si hay alguien capaz de hacerle daño -futbolísticamente hablando-, ese es Primito Maradiaga.

Con su mentalidad de ataque, además del conocimiento que tiene de las costumbres, manías, fortalezas, virtudes y debilidades de cada uno de los jugadores hondureños, nos puede hacer daño en los dos juegos en los que nos enfrentaremos.

Él lo sabe.

Y Jorge Luis Pinto también.

Pues Ramón Maradiaga posee cualidades que lo convierten en un entrenador de peligro: es valiente (lo demuestra el hecho que no salió corriendo con la desafortunada huelga de piernas de los seleccionados salvadoreños), es un estudioso del fútbol, es un motivador que eleva a sus jugadores a niveles superiores, es honesto, trabajador y NUNCA, NUNCA, NUNCA, se le escuchará decir una excusa.

Y es un maestro de la psicología.

«Me siento más que orgulloso de mis jugadores, porque superamos en actitud al rival», dijo después del juego del empate a cero entre El Salvador y Canadá.

Y luego le entra al tema de los duelos que tendrá contra Honduras en marzo. «Tenemos que ganar esos partidos para poder seguir alimentando las esperanzas de clasificar».

 

MAESTRO DE LA PSICOLOGÍA

Viejo zorro, convierte una situación negativa en algo positivo que alimenta la esperanza de sus jugadores.

«Como muchos daban por perdido el juego ante México, bueno, entonces entremos en una triangular, y la triaungular está ahí, es de buscar ganar el partido de visita contra Canadá, y la mayor cantidad de puntos posibles contra Honduras… y cerrar ganándole en casa a México».

Lo que sigue deja claro que Primitivo está convencido en que le puede ganar a Honduras. ¿Y por qué debería creer lo contrario?

Les acabo de decir a mis jugadores en el camerino que uno empieza a ser contador, a usar la calculadora y a decir: ‘México le gana a Canadá y se queda con cuatro puntos, nosotros le ganamos a Honduras, sumamos cuatro puntos y dejamos prácticamente eliminado a Honduras y al final quedarán El Salvador y Canadá en la pelea por ese boleto».

Pero su proyección no se queda solo en ganarle a Honduras como local. En sus cálculos está arrancarle aunque sea un punto a la H en el estadio Olímpico.

«Yo no veo imposible ir a sacar puntos de visitantes», dice.

Y yo tampoco.

¿Primitivo Maradiaga odia a Honduras?

No lo creo.

El general Morazán tampoco sentía odio por el país en el que nació, pero antes de morir pidió que lo enterraran en El Salvador.

En marzo, el ex capitán de Honduras, ese que llaman absurdamente VENDIDO en la tierra que él lleno de gloria, tendrá la oportunidad de sacarse un poco la rabia que le provocaron acusaciones injustas y calumniosas basados en chismorreos baratos.

En ese momento, el «VENDIDO» tendrá su revancha…