Teofilito resucitó al segundo día en una pared sampedrana

Teofilito sonríe a pesar de que San Pedro Sula es un enorme sauna de concreto. ¡Y no es PERRA!

Los ojos achinados, el bigote, el eterno sombrero. Tampoco es PERRA si te digo que parece que está vivo.

A Teofilito lo acaba de pintar Cariqui, un talentoso artista urbano -o un vago, manchador de paredes, inadaptado, según los parámetros clásicos de esta sociedad acartonada que se desgarra las ropas cuando ve un mural en la calle, pero que calla, porque no le interesa o porque no se da cuenta, cada vez que a Bellas Artes le recortan su presupuesto anual, pues hay que comprar balas y no pinceles.

Dos horas le tomó a Cariqui caricaturizar al autor de Las perras de Teofilito, Cuéntame otra Teofilito y Qué perrero es Teofilito. Usó aerosol de distintos colores.

“Este mural es un homenaje a ese artista tan popular y querido que fue Teofilito”, dice Cariqui. “La idea era que su dibujo transmitiera ternura. Para mí fue un honor”.

Y sí, sí transmite ternura.

Dan ganas de abrazar a Teofilito y pedirle “Cuéntese otra”.

Cariqui viajó de Tegucigalpa a San Pedro Sula con la idea de hacer otros murales. En el camino se enteró de la muerte de Teofilito, a quien conoció a través de sus ingeniosas PERRAS.

Hubo cambio de planes.

Mientras Cariqui iba dibujando, las personas que pasaban cerca del Palacio Epicospal, cerca de la colonia Trejo, se detenían a contemplar cómo la pared paría a un Teofilito que ya no es de carne y hueso, sino un espíritu de colores.

“Felicidades!, “¡Qué bonito!”, “Espectacular”, “Macizo”, fueron algunas de los adjetivos que Cariqui escuchó. También hubo pitos de carros, gritos de ánimo y aplausos.

Otras veces me dicen “Andá a joder a otro lado, vago, pero esta vez fue diferente. Una muchacha hasta limonada nos dio”, sonríe Cariqui.

Teofilito falleció el viernes luego de ser atropellado. Tenía 75 años y estaba casi ciego de uno de sus ojos. Como acá el arte vale una mierda, el mejor PERRERO de Honduras vendía sus libros para subsistir. Sus amigos, entre ellos los locos del Teatro Bambú, organizaron eventos para recolectar fundos.

El propio Cariqui sabe las dificultades que viven los artistas hondureños. “La muerte de Teofilito es un ejemplo de cómo andan las cosas por aquí… No hay apoyo y para colmo de males en Tegucigalpa nos cierran los espacios -las paredes-, y borran el arte urbano. ¡No tiene sentido!”.

Pero más que quejarse, Cariqui pinta. Con rebeldía. Con esperanza terca. Con mil sueños en la cabeza y en el corazón.

Y así se da el milagro en una calle sampedrana.

Teofilito resucita al segundo día. Y sonríe, a pesar de que el vapor le saca sudor de colores…