“¡No toques a mi abuela!”. Ese fue el grito de un chinito mientras se agachaba a agarrar un tubo de acero. Frente a él estaba un policía.
Todo comenzó cuando las autoridades hacían un recorrido (lo más seguro es que pidiendo mordida), entre los puestos callejeros de los vendedores ambulantes.
¿Qué buscaban? A vendedores ilegales.
Cuando uno de los policías se acercó a verificar que el puesto de la anciana estaba en orden, el nieto reaccionó con furia, agarró el tubo y paró en treinta al chepito.
Al fina no hubo nada que lamentar y todo quedó como una anécdota graciosa.






















