Ayer publicamos una nota donde la modelo Vanessa Villars contaba la historia de cómo una humilde aseadora le devolvía sus valiosos anillos.
¿Adivinen qué? Maritza Hernández Oliva es muy humilde, muy callada y piensa dos veces antes de dar una respuesta. Me fui al Mall Multiplaza de Tegucigalpa y esto fue lo que nos contó. No le digo “doña”, porque es muy joven.
¿Cómo está Maritza?
¡Gracias a Dios bien!
¿Tiene familia?
Sí, tengo tres hijos de 16, 14 y 11 años.
¿Estudian sus hijos?
Sí, trabajo para que salgan adelante.
¿Dónde vive?
Atrás de la colonia Prados Universitarios.
¿Cuántas horas el día trabaja?
Ocho horas. Pero nos dan una hora de descanso.

¿Cómo se da la historia de la modelo Vanessa y los anillos?
Había cuatros clientas en el baño. Venía llegando de mi hora de descanso. Entonces me quedé observando y me fijé que una de ellas se había quitado los anillos para lavarse las manos. Una de las clientas que estaba en el baño puso su celular sobre los anillos que no le pertenecían y decidí no despegarme de ahí, me puse a limpiar los lavamanos para esperar.
Cuando la muchacha vio que no me iba y que estaba viendo lo que había hecho, me dijo: “Mire, dejaron estos anillos aquí”.
Pero como yo no sabía de quién eran, para que ella no se los llevara, los agarré de inmediato y los guardé.
Luego salí del baño y los iba a dejar a la administración, cuando la muchacha venía de frente y me dijo: “Acabo de dejar unos anillos”. Le dije: “Aquí están sus anillos”.
Después la mamá de la muchacha me pidió permiso para tomarnos una foto.
¿Por qué devolvió los anillos?
Porque es la orden que tenemos, devolver todo lo que encontramos en el local. Pero también por principios y honradez.
¿Cree en Dios?
¡Sí! Voy a la Iglesia. ¡Jehová es mi Pastor!
¿Quiere dejar algún mensaje final?
A todas las personas que encuentran cosas de valor en la calle, hagan lo posible por devolverlo. A los que se dedican a delinquir, asesinar, busquen de Dios. Es lo mejor de la vida.
Cada vez que dejé un mensaje de cierre en este tipo de notas lo hice con una sonrisa muy pronunciada, porque el país esta lleno de buenos hijos, y se demuestra que el hondureño es una persona honesta y de buenas costumbres. Voy a concluir que estamos sumergidos en miseria porque dejamos que otros decidan por nosotros. Las personas de bien son mayoría.
¡Gracias Maritza por esta lección de honestidad, honradez y amor al prójimo!

















