Su vestimenta no es de un estudiante de mami y papi, sus zapatos no son de marca, y en sus manos no hay anillos ni esclavas de oro.
Un rosario que cuelga de su cuello lo llena de fe.
Así es Rubén Quiñónez, un vendedor de periódicos que se asolea todo el día en la Universidad Católica de Honduras para poder llevarse un plato digno a su mesa y abarcar parte de los gastos de estudio.

De lunes a viernes, con pisto en mano, lleva las noticias a todo el campus de esta reconocida universidad y espera el sábado para asistir a sus clases de la carrera de Teología.
Quince años son los que se ha entregado a recorrer las calles para que la gente se informe de lo que está pasando en nuestro país.
Su puesto de trabajo permanece limpio, su forma y estilo de vestir es impecable, pueden faltar periódicos, pero su rosario siempre decorará su camisa de botones.
¿Piensa vivir de este trabajo toda su vida?
Voz firme llena de confianza: No, hermano, son trece clases las que me hacen falta, al terminar mi carrera universitaria buscaré un trabajo en algún colegio, quiero llegar a los jóvenes y darles un mensaje claro y de bien.
¿Cómo hizo para entrar a esta universidad?
Gracias a un sacerdote que conocí; me preguntó si quería estudiar y yo le dije que me gustaba la Teología, y él gestionó una beca para mí y hoy ya me faltan trece clases, y quiero salir para trabajar.

A medida que hablábamos, su rostro estaba fijo en el suelo, y solo lo levantaba para ofrecer las noticias impresas.
El día sábado llegó y ahí estaba Rubén, listo para recibir sus clases.
La de Rubén es una historia de superación dentro de este campus, es famoso y admirado por su ardua lucha y perseverancia en este camino lleno de obstáculos.
Sentado en su pupitre, esta vez no ofrece noticias, sino que está concentrado para no perderse ningún detalle.
Hoy permanece en silencio y no grita. Hoy es un estudiante más que aprovecha al máximo cada palabra que sale de la boca de su catedrático.
Sin embargo, su participación hace destacarse como uno de los mejores alumnos.
Con esta historia de superación y perseverancia me retiré de este campus dejando que la clase continuara, pero conmigo me traigo este recuerdo de aquel vendedor que quiere ir más allá del grito “Triiibuuuuuuunaaaaaa, Heeeeeraaaaaaldoooo”…


















