Dos jóvenes malabaristas salvadoreños recorren Centro América y México. En las las plazas y semáforos asombran con su arte callejero.
Tegucigalpa, Honduras. Alejandro Cabrera y José Alberto son dos jóvenes salvadoreños que se encontraron en las calles de su país haciendo arte callejero.
Uno de ellos es del oriente y el otro es de occidente, pero el arte los unió y hoy hacen malabares en las plazas y semáforos.

FOTO: En el viaje no puede faltar su equipo de presentación.
Los encontramos en las calles de la capital. Alejandro montaba un monociclo que lo separa aproximadamente 2.5 metros del suelo; en la parte baja estaba el más peludo de los dos: José Alberto.
Ambos decidieron ganarse la vida en las calles y explorar tierras desconocidas mientras muestran su talento y conocen nuevas personas y costumbres.
Hoy están aquí, mañana, quién sabe.

En sus mochilas llevan el monociclo, un balón de básquet, los sombreros y sus clavas para hacer malabares de colores.

FOTO: Alejandro es el encargado de desafiar las alturas.
¿Qué hacen por estas calles? -les pregunté cuando me los encontré en el camino.
“Somos salvadoreños. El arte es nuestra vida, br, nosotros nos dedicamos a viajar y a estacionarnos en los países para hacer algo para la dormida la comida y la ida”, respondió Alejandro.
¿Cuánto han hecho?
No hemos visto, aquí nos dan solo de dos, de cinco, diez. Es diferente a El Salvador, allá nos dan cincuenta, cien, veinte.

FOTO: La discapacidad en un ojo no impide a Alejandro montar un show espectacular.
¿Para dónde van?
Ahorita hacer rutina a otro lugar, brother, después a buscar comida y ver dónde nos quedamos. Hemos andado en Guate, Nicaragua, México, Panamá, Costa Rica. En cada lado encontramos una buena raza -dice José Alberto.

Con la frente el alto, estos salvadoreños esperan la luz roja con ansias para poder presentar su rutina en cualquier lugar en el que se encuentren.

FOTO: José es el encargado de hacer malabares con clavas y sombreros en tierra firme.
La luz verde marcó la salida, y Alejandro y José caminaron hacia la siguiente luz en rojo y empezaron con su breve espectáculo. Algunas monedas y lempiras fueron a dar a sus manos.
Con una pequeña inclinación agradecieron a los conductores. “Algo es algo”, coincidieron. Y continuaron con su show en medio del bullicio, mentadas de madre y conductores abusivos de la capital.


Fotos/ Sergio Montero
















