Cuando uno va a la Catedral del centro de Tegucigalpa, y tiene chance de sentarse o de tomarse la vida con calma, descubre a personas fuertes, luchadoras y guerreras que se levantan todos los días a ganarse el pan con el sudor de la frente.
Y ejemplo de ello es Henry Salgado, un joven de 27 años de edad que se dedica a cantar y tocar la guitarra en pleno Centro de la capital para poder sobrevivir.
“De está manera me gano la vida, es la única forma de medio sobrevivir”, dice Henry.

Él se levanta todos los días a las cinco de la mañana para arreglarse y estar presentable para el público que lo mira y lo escucha.
“Me levanto a esa hora porque me vengo caminando desde el cuarto y así ya me da tiempo para refrescarme y andar decente”, agrega.
Él es originario de San Marcos de Colón, pero vive en la capital desde los siete años, que es cuando se vino ya que no aguantaba el rechazo de su familia y principalmente el de sus padres.
Henry nació con una discapacidad: le hace falta la mano derecha, cosa que para sus padres era una castigo divino pues no se explicaban el porqué de esto.
“Ellos me decían que era hijo del diablo por no tener una mano, siempre me pasaban pegando y ni me dejaban entrar a comer a la casa, sino que comía con los perros”, recuerda. Habla con tristeza. Y no es para menos.

Por eso tomó la decisión de venirse para Tegucigalpa con el jalón de don Celestino.
“Era el señor que más billete cargaba -dice-, era el único que venía una vez al mes, así que me dijo ´Vámonos´ y pues me vine, solo me dejó tirado en el mercado y nunca más lo volví a ver, ni a mi familia”.
Para sobrevivir consiguió trabajo como ayudante en una chiclera. La ganancia solo le ajustaba para dos semitas y un vaso con café.
“Eran asoleadas de maule las que me daba y esa doña no me daba nada”, dice con una mirada de cólera.
La historia no para ahí.

“El esposo de la señora tenía una guitarra mal puesta, polvosa y en el olvido, así que cuando ella me dejaba solo me ponía a tocarla, pero como no tengo mano no hacía nada”.
Pero como querer es poder -y sabemos que el hondureño tiene garra catracha-, se las ingenió para poder tocar y ganarse la vida de otra manera.
“Una vez corté una botella de plástico y la partí como un triángulo, me la pegue donde me faltaba la mano y así ya podía tocar las cuerdas, y de ahí en adelante fue pura cosa mía de aprender a que no se doblara la punta”, dice.

Hace casi 20 años que Henry toca con el plástico de una botella para ganarse de 50 a 200 lempiras diarios y poder pagar la renta del cuarto.
Me despido de él y mientras camino por las calles de centro escucho cómo le arranca notas a su vieja amiga, la guitarra.
Fotos: Sergio Montero.
Luego de toda está platica me demostró su arte y aquí les va el video.
https://youtu.be/_dPeSLKPgzc

























