Con una sonrisa mezcla de inocencia y picardía, me encontré en el Mayoreo de Tegucigalpa a Jafet Fúnez y Gerson Silva, ambos de ocho años y amigos inseparables que han sido cómplice siempre en sus travesuras.
Pues estos cipotes se han criado juntos desde pequeños ya que sus mamás son compañeras en el trabajo en los puestos de verduras.
FOTO: Jafet Fúnez y Gerson Silva
Estos cipotes están llenos de energía y sus ocurrencias le sacan una sonrisa a cualquiera, sin más ni más se pusieron a platicar conmigo y lo primero que les pregunté fue a qué hora se levantan.
De inmediato los dos me contestaron: “Uyyy, oscuro, ni el sol ha salido, no mira que salimos de Lepaterique y tenemos que agarrar el bus”.
Está feria solo está abierta al público los viernes y los sábados, así que por lo general ellos se vienen el jueves por la tarde o el viernes en la madrugada.
Asombrada les dije “Ustedes me están mintiendo”, y su respuesta me dejó callada: “Se lo juramos, lo que pasa que cuando tenemos sueño nos dormimos debajo de las tarimas”.
Mi semblante cambió por completo ya que en esa gran sonrisa que me estaban regalando también había dolor, trabajo, sacrificio, y hasta cierto punto una infancia frustrada.
En ese momento, empezaron hablar de que quieren unas bicicletas ya que la que tenían se les había reventado la cadena y pues ya no podían andar en ella.
En lo que les iba a seguir mi conversación se nos unió una niña con unos ojos hermosos que reflejaban la esperanza de algún día poder dejar ese ambiente y poder superarse para convertirse en una gran profesional.
Ella, a diferencia de los dos niños, es un poco tímida, así que solo se limitó a darme su nombre entre dientes: Angie Alvarenga, prima de Jafet y Gerson.
FOTO: Angie Alvarenga
A Angie le toca barrer el puesto, aprenderse los precios de las verduras y atender a los clientes. A su edad, yo andaba jugando rayuela, landa, capeador…
Nuestra plática seguía y en ese momento les pregunté qué les iban hacer para el Día del Niño. “Nunca hemos celebrado ese día”, me dijeron. Se me arrugó el corazón.
“Nosotros no celebramos eso y tampoco nos dan confites, hoy vinieron a dar y cuando llegamos ya se habían terminado”, dijo Jafet.
Y así transcurre la vida de estos tres niños en el Mayoreo: entre sueños y esperanzas de llegar a ser alguien cuando estén grandes.
Fotos: SERGIO MONTERO






























