A todos nos gusta ver un partido de Champions, especialmente cuando juegan Barcelona o el Real Madrid. ¿Quién no suspira con una noche mágica?
Y cuando ocurren partidos como el de ayer (memorable, histórico, único), pues con mucha más razón. Es imposible dejar de hablar de eso pues es el tema del momento.
Incluso, el Barcelona, con todo y los regalos del árbitro, nos dio algunas lecciones de vida. Por ejemplo, la de no perder jamás la esperanza, ni siquiera cuando todo parece perdido.
Solidaridad, trabajo en equipo, valor, decisión, son otras de las enseñanzas que nos regaló el Barcelona. Todo lo contrario sucedió con el PSG: timorato, mediocre, achicado.
Por eso no fue de extrañar la explosión que hubo en las redes sociales y medios de comunicación y las infaltables jodas entre los seguidores del Barcelona y del Real Madrid, quienes, por cierto, no tenían vela en el entierro.
No se trata de ser intolerantes con los gustos de los demás. Total, cada quien tiene derecho a hacer de su vida lo que le dé la gana.
Lo preocupante es cuando hay una idiotez colectiva que lleva a los hondureños a estar con el tema día tras días, volcando todas sus energías y pasiones a dos equipos que vale la pena admirar pues su juego es una belleza, pero que al fin y a al cabo no son nuestros.
¿Se imaginan si los hondureños usáramos toda esa pasión, energía y creatividad que usamos en las cosas de afuera para aportar nuestro granito de arena para el desarrollo de nuestro país.
Ah, pero allí no, porque eso solo es responsabilidad del gobierno. ¡Qué fácil lavarse las manos!
No estamos diciendo que dejemos de seguir a los equipos europeos. Lo que decimos es que ojalá así fuésemos para todas las áreas de la vida.
A lo mejor seríamos un país desarrollado y nuestros Olimpia y Motagua serían el Madrid y el Barcelona.
Da risa, pero hasta queremos hablar como catalanes o de la capital española.
Admiremos a Messi y a CR7, pero no nos desbordemos tontamente, como si nosotros somos españoles, como ocurrió ayer, cuando nos convertimos en imitadores de ciudadanos madridistas y barcelonistas.
Cómo sería de bonito que los hondureños pusiéramos el mil por mil en las cosas de nuestro país.
Disfrutemos, pero no seamos un pueblo enajenado y sin identidad.

























