La fábula del ratón

Según una antigua leyenda hindú, había un ratón que estaba siempre angustiado porque tenía miedo del gato. Un mago se compadeció de él y lo convirtió… en un gato.

Pero entonces, empezó a sentir miedo del perro. De modo que el mago, lo convirtió en perro. Luego empezó a sentir miedo de la pantera, y el mago lo convirtió en pantera. Con lo cual comenzó a temer al cazador.

Llegado a este punto, el mago se dio por vencido y volvió a convertirlo en ratón, diciéndole: “Nada de lo que haga por ti va a servirte de ayuda, porque siempre tendrás el corazón de un ratón.”

El ingeniero Salvador Nasralla se angustió por las oportunidades laborales escasas y la competencia fuerte de sus contemporáneos en su profesión y se convirtió en un reconocido relator deportivo.

Cuando apareció fuerte competencia pidió al Mago catracho algo que le garantizara ingresos y reconocimiento. Y el Mago lo introdujo en la farándula, le compró unos shorts rosados y le dio la idea de trabajar con mujeres jóvenes cegadas con la ilusión del estrellato.

Pero en ese momento Salvador temió que, al envejecer, desapareciesen sus dotes histriónicos resintiendo así sus ingresos y nuevamente le pidió al Mago algo para trascender.

El Mago le dio la idea de crear un partido y le sugirió tema y nombre. Y Salvador se lanzó al estrellato personal. Hasta que, luego de un muy buen comienzo, empezó a temer las opiniones independientes de sus diputados (sobre todo de las mujeres legisladoras), y todas las actitudes y conductas que se apartasen de la ciega obediencia, y organizó un proceso muy peculiar de elecciones internas (que inspiró un tiempo después a Maduro para convocar su Constituyente).

Preocupado por su incierto destino al enfrentar reales adversarios internos, solicitó al Mago ayuda para encontrar otro partido.

Y el Mago decidió matar dos pájaros de un tiro y se lo presentó a Mel y a la dirigencia de LIBRE y el PINU y crearon la Alianza. Y allí comenzó a temer que resultaría aplastado por los votos de los ciudadanos sensatos.

Cuando presa de sus arrebatos empezó a justificar su cierta derrota con inventadas encuestas y delirios de fraude a diestra y siniestra, levantó de nuevo su mirada hacia el infinito.

Pero esta vez, ya harto, el Mago le regaló otro pantaloncito (bermudas esta vez, al apreciar el correr del tiempo) y lo devolvió a la farándula diciéndole: “Salvador, nada de lo que haga por ti va a servirte de ayuda, porque tienes el corazón de un payaso”.

Y así quedó por siempre: como un payaso.