Por RAMÓN LÓPEZ P.
Aunque era un torneo de consolación, o más bien, un clasificatorio a la Concachampions, que es donde está lo bueno, Olimpia hizo bien su tarea y se coronó campeón en Costa Rica.
Pero…
Sí, pero… Para coronarse campeón de la primera edición de la Liga de Concacaf no les ganó a los poderosos equipos mexicanos ni gringos, sino que a dos ticos, uno salvadoreño y otro de Panamá.
En este torneo no había campeones de ninguna liga; apenas uno que otro subcampeón, pero hasta aquí.
Los aficionados y periodistas olimpistas de inmediato celebraron autoproclamándose CAMPEONES DE CONCACAF. Puede ser por el “vive” o por provocar a los aficionados de otros equipos hondureños, pero lo cierto del caso es que el Viejo León NO es campeón de Concacaf.
Para eso deberá batirse con equipo no sólo de Centroamérica, sino del Norte y del Caribe.
Eso no significa que el torneo que ayer ganó, secundario o de consolación, o como vos querrás llamarlo, no sea un logro para Carlos Restrepo y sus muchachos.
Claro que lo es, y tienen todo el derecho, junto a su afición, de celebrarlo con todo. ¿O qué quieren: que estén tristes por haberle ganado al Santo?
Olimpia celebra el título de un torneo secundario; los demás se amargan. Así son las cosas.

























