A pesar de esfuerzos de los padres, Carlos Collier nunca se alejó de las gavillas

Carlos Collier ya estaba acostado cuando sus amigos le insistieron que los acompañara a una noche de farra. El joven se levantó y le insistió a su papá para que le diera permiso, y éste accedió.

Los padres del muchacho nunca ocultaron que Carlos Romero (alias Susano) y Olga López Ferrufino les caían mal y que los consideraban una mala influencia para su hijo, propenso a las salidas y a las fiestas.

Tatiana Núñez le confesó a Radio House que “Incluso lo mandamos tres meses a Europa, anduvo como mochilero… Lo queríamos alejar de esos muchachos, especialmente de Susano y de Olga. La abuela le dijo que siguiera conociendo el mundo y mejor se quedara allá, pero mi hijo no quiso”.

En ese viaje, Carlos cumplió uno de sus sueños: ir al estadio del Barcelona, su equipo.

Pero cuando regresó a Honduras, Carlos siguió su amistad con Susano y Olga.

Un día, el papá de Carlos los encontró fumando en la cancha de Loarque y los macaneó a todos, a Susano, a mi hijo y a otros. En otra ocasión que Susano llegó a casa a buscar a mi hijo, Carlos le dijo “Mejor perdete, hijo de puta, si no querés que te agarra a verga”.

Otro intento de Carlos Collier y de Tatiana Núñez de romper con las gavillas de su hijo ocurrió hace unas semanas cuando lo enviaron a San José, Costa Rica, para convencerlo de que estudiara en el prestigioso Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (Incae).

Sin embargo, Carlitos decidió regresar.

Los padres también lo motivaron a que ingresara a la academia de aviación. “Carlitos estaba entusiasmado, quería ser piloto, pero le truncaron sus sueños”, dice Tatiana Núñez.