Por RAMÓN LÓPEZ P.
Con una rapidez poco común en nuestras autoridades, que han demostrado históricamente su incapacidad, los policías y militares, en menos de lo que canta un gallo, atrapan a los manifestantes de la Alianza Libre-PINU.
¡Allí sí vuelan! En menos de un zas los macanean, los suben a la patrulla y los llevan al bote.
En muchos de los casos, los capturados no han hecho más que protestar contra JOH; en muchos otros, sí han provocado actos vandálicos y atacado a los policías y militares. Cuando hay pruebas, eso es lo que corresponde. Bien hecho.
Lo que no compartimos es todo el show que arman con los manifestantes de un lado, mientras en el otro, hay quienes han disparado las balas que asesinaron (hasta la fecha), a más de 30 treinta hondureños.
A ellos sí los exhiben, como si se tratara de terroristas.
¿Y a esos policías y militares asesinos cuándo los van a capturar? ¿Por qué los protegen? ¿Por qué con lo de un lado sí son pura eficiencia y con los del otro son negligencia absoluta?
No puede haber reconciliación, mientras haya madres, esposas, hermanos e hijos que lloran el asesinato de sus familiares, y contemplan, con dolor y frustración, la impunidad que protege a criminales uniformados.
¿Cuándo, entonces, entregarán a los asesinos de la Policía Nacional y de las Fuerzas Armadas?
He aquí una de las primeras tareas para la nueva ministra de Derechos Humanos, Karla Cueva.
Ni perdón, ni olvido.
















