Raspones de rodilla, codo, mano y gritos de “qué chancho”…
¿Sabés de qué hablo?…
Cómo olvidar esas potras kilométricas en la mera calle, lleca, polvazón, pedrero o en las nuevas canchas pavimentadas donde dos buenas “turuncas” eran las mejores porterías que han podido existir en toda la historia.
Debo de admitir que yo era el responsable de que las potras terminaran porque era el dueño del balón; cómo olvidar cuando las potras se terminaban porque un patudo botaba la pelota y en su respuesta era devuelta toda masticada por un perro.
Estas son algunas de las reglas que se han quedado plasmadas en las calles de cada cuadra y de cada potra.




























