Esta generación de futbolistas hondureñas ha equivocado el camino. Se habla en la cancha, no afuera de ella.
Tampoco les estamos pidiendo que agachen la cabeza, como esclavos modernos. Pero sí nos gustaría que así como hablan, jueguen.
Dejen las bravuconadas en la redes y rompánse el culo entrenando. Dejen las lloretas porque el entrenamiento es “demasiado duro”. Por eso es que a los Mundiales sólo vamos a pasear. ¿No se han dado cuenta?
Y por eso, por esa actitud de macho de cantina que los distrae, es que no dan bola en el extranjero.
Demuestren de qué están hecho en las eliminatorias, en la Concachampions, pero en la de verdad, no en ese “torneucho” mediocre que acaba de ganar Olimpia con equipos de tercera categoría.
Sean profesional, rómpanla, hagan méritos para que se fijen en ustedes en España, Inglaterra e Italia, y no en Egipto y sabe Dios en qué otras ligas.
La reciente lista de las polémicas de futbolistas hondureños es extensa. Y por eso no fuimos al Mundial, tal y como lo reconoció Donis Escober la semana pasada.
Se quejaban de Jorge Luis Pinto porque los hacía entrenar demasiado. ¿Y es que creen que Messi y CR7, de quienes ustedes compran sus tacos, no entrenan y se la llevan jugando PlayStation?
Con la boca no se meten goles ni se dan pases. Tampoco se conquista la gloria. En las redes o frente a los micrófonos cualquiera reta, amenaza, señala, despotrica… ¿Por qué no son así de agresivos cuando entran a la cancha? ¿Por qué no les meten miedo así a sus rivales? ¿Por qué?
Eddie Hernández participa en la nueva telenovela del fútbol hondureño. El reparto incluye a Diego Vásquez, el DT del Motagua.
Sólo ellos sabrán cuál es la cuota de responsabilidad que tienen en este escándalo, que nos viene a demostrar que el enfrentamiento a “tapas” es parte de la nueva cultura del mediocre fútbol hondureño.

























