Mientras en Tegucigalpa se pierde el tiempo desde el Congreso Nacional con dudosas leyes para “evitar el odio” en las redes sociales, como si una ley la va a evitar, en las famosas áreas rurales del país, los niños y niñas de nuestra Honduras reciben las clases diariamente sentados en duros bloques de cemento y maderos.
Las clases apenas iniciaron y los niños de la escuela 7 de Mayo de la Comunidad Agrícola en Olancho, reciben el pan del saber en las peores condiciones posibles, los sanitarios, los pupitres, las pizarras están en mal estado, y hay carencias en el material didáctico en la mayoría de centros educativos del país.
A consideración del presidente del Colegio de Profesores de Educación Media de Honduras, (Copemh) Leonel Escoto, entre 80 y 90 por ciento, la infraestructura de los más de 23 mil centros educativos del país está colapsada.
Ojalá que el gobierno le entre rápido a la solución de este problema. ¡Ni un niño más recibiendo clases en estas condiciones!























