Por RAMÓN LÓPEZ P.
Todavía retumban, provocándonos ira, las cínicas palabras de don Pepe Lobo: “Detectamos lo que sucedía en el Seguro Social, pero no intervenimos, porque se acercaban las elecciones y se iba a armar un relajo”.
Eso hubiera bastado para que la justicia actuara de inmediato contra el ex presidente negligente y encubridor. Pero no ocurrió así y todo quedó como una simple anécdota más del circo político hondureño.
¿Cuántas vidas se pudieron haber salvador de haber tenido los medicamentos? Pero nunca había, y muchos hondureños, humildes en su mayoría, murieron.
Y hoy, cuando veo que la ex primera dama y esposa de don Pepe, “Mi Rosa”, como la llamaba, ha sido detenida acusada de actos de corrupción, sentí alegría. Debo admitirlo. No me da pena confesarlo.
¿Karma?
No lo sé. Lo que sí sé que son tiempos difíciles para un hombre que tuvo la oportunidad de hacer algo por los más pobres, y no lo hizo, porque se la pasó sus cuatro años de gobierno diciendo tonterías y riéndose de sus propias ocurrencias.
Tampoco puedo sentir pesar por su hijo Fabio, quien está encerrado en Estados Unidos luego de declararse culpable por tráfico de drogas.
Se suma a la lista de tragedias del ex presidente, la reciente muerte de su hijo Cristian Javier. Él falleció a los 37 años por intoxicación alcohólica.
No quisiera estar en los zapatos de don Pepe Lobo. Como tampoco me gustaría estar en los zapatos de aquellos que perdieron familiares, porque no encontraron medicamentos en el Seguro Social y no tenían el dinero para comprarlo es una farmacia.





















