En las últimas horas ha circulado un dato que ha puesto a la selección de Uruguay en el centro de la conversación futbolística: la idea de que la Celeste no ha vuelto a ganar un partido en Copas del Mundo “sin Luis Suárez” desde 1990.
La última victoria de Uruguay en un Mundial antes de la etapa reciente de su selección se remonta a Italia 1990, cuando derrotó 1-0 a Corea del Sur con gol de Daniel Fonseca en la fase de grupos. A partir de ahí, el combinado uruguayo no participó en las ediciones de 1994, 1998 y 2006, mientras que en 2002 disputó el torneo, donde no logró sumar victorias (dos empates y una derrota en fase de grupos).

Con Suárez en el equipo, Uruguay vivió una de sus épocas más competitivas recientes, alcanzando semifinales en Sudáfrica 2010, octavos de final en Brasil 2014 y cuartos de final en Rusia 2018, además de actuaciones destacadas en Qatar 2022.
Aun así, este tipo de estadísticas deben leerse dentro de su contexto histórico, ya que responden a ciclos generacionales del fútbol uruguayo y no a la influencia directa de un solo jugador.
Un dato que genera impacto, pero que en el análisis profundo cuenta una historia más compleja de lo que parece a primera vista.

















