Cortaron el árbol, lo mataron…

Estos últimos días pude ver cómo hombres vestidos con chalecos de color fluorescente acompañado de una estructura de hierro se preparaban para matar entre todos a un guerrero de fuertes raíces.

Al ver esto solo se me vinieron a la mente dos cosas que, aunque parezcan tontas, se me han sembrado en mi ser así como este señor de grandes ramas y que seguramente su tallo guardaba más de un par de iniciales de enamorados que transitaban por esta calle del Bulevar Juan Pablo.

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Una de ellas es la frase de mi madre que me decía: «Dejá de arrancarle las hojas a los árboles, a vos no te gustaría que yo te jalara el pelo, cabroncito».

Frases que salían al verme aporrear aquel mango que me vio crecer durante 18 años.

Otra frase que ha salido en mi mente es aquella canción del gran Guillermo Anderson que una noche en la Villa Olímpica cundo yo tenía unos ocho o nueve años cantó algo que decía más o menos así:

“CORTARON EL ARBOL LO MATARON CINCO, SEÑORES SE LO LLEVARON, VAQUEDANDO EL SUELO DESCUBIERTO, MI VERDE PAÍS SE HACE UN DESIERTO»…

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Así es señores: mientras se lanzan campañas de reforestación, cinco, seis, siete o diez fueron los señores que cortaron el árbol ubicado justo en el triángulo en frente de unas famosas pizzas.

Hasta allí este viejo que brindaba la sombra a miles de personas se le acabo su cuota de oxígeno que le daba a la capital.

“Cortaron el cedro aquél de la avenida y la acacia tiernamente florecida que alegró los días de tu juventud” (Guillermo Anderson).

Los restos al alcance de los ciudadanos, olvidándose del temor que causaría ver su sangre convertida en aserrín recorriendo el temido asfalto.

“Cortaron el árbol la ceiba antillana hermosa su raíz profunda y diosa quedó triste en mi…”

Descanse en paz.